Redes y adolescentes, una mezcla que hay que vigilar

Artículo de opinión de Carmen Cordón, profesora, en el que reflexiona sobre el uso de los dispositivos tecnológicos por parte de los adolescentes

Una de las ventajas de hacer viajes largos en coche es que puedes desconectar de todo: cantar, pensar, escuchar la radio… ¡O no, que también puede ser! En este último viaje Cádiz-Arjona, iba bastante preocupada con el tema que tratamos en mi última clase del día: “La adicción a las nuevas tecnologías”.

En lo que me costó sentarlos, calmarlos y centrarlos, puede que perdiésemos unos cuantos minutos, pero ocupamos el resto de la hora en la exposición de un grupo. Ellos fueron claros, aunque después surgió una improvisada mesa redonda. Todo surgió en torno al famoso juego “Fortnite”. Este nuevo juego en línea tiene como objetivo la supervivencia del jugador por encima del resto en un contexto que no conlleva realismo, como sí lo hacen otros juegos del estilo (“Call of Duty” y “Battlefield”), usando para ello todo lo que necesiten. Casualmente estos recursos, como pueden ser las armas o un disfraz, suponen “un gasto” en el juego; son, simplemente “extras” que el jugador puede comprar o no.

Todos estos datos me los facilitaron ellos, ya que yo andaba perdida y me parecía que era un tema en el que había que indagar (sospechaba que no son pocas las horas que pasan imbuidos en ese mundo virtual). Mis sospechas se confirmaban a medida que seguíamos charlando; aunque lo preocupante es el hecho de que, a pesar de estar hablando del “Fortnite” a raíz de las adicciones a las nuevas tecnologías, ellos no consideraban que jugar más de cinco horas seguidas fuese un problema de adicción. Escuché, y no pocas veces, exclamaciones como: “¡Yo no estoy enganchao, maestra!”; “¡Pero yo me puedo quitar cuando quiera!”.

¿Acaso no hemos escuchado centenares de veces estas frases? En la barra de un bar; en casa pidiéndole a alguien que no fume tanto; cerca de la tragaperras cuando el camarero, abatido, le pedía a alguien que dejase de echar dinero… Muchas, muchísimas veces, hemos oído lo que mis alumnos, de apenas 14 años, me vociferaban como si yo les acusase de un crimen.

Los 60 minutos se estaban agotando y, excepto las reflexiones de uno de ellos, no terminaba de escuchar conclusiones alentadoras. Como dije al principio, me subí al coche y emprendí el camino hasta Arjona; y casi hasta llegar al peaje estuve dándole vueltas al tema. Después, ya seguí con mis cosas y aparté de mi mente esa clase desesperanzadora en algunos sentidos. Sin embargo, el camino de vuelta con la radio encendida ha reabierto el debate en mi cabeza. Y es que creo que es un tema de actualidad que como sociedad, sobre todo profesores y padres, debemos pensar y atajar. Hemos de hacer lo que esté en nuestras manos para que nuestros niños y adolescentes no sucumban a la que puede ser una de las peores adicciones del joven siglo XXI.

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