Las amistades musicales

El homenaje de la Asociación Musical Nuestra Señora de la Paz al maestro Miñana reúne a antiguos músicos marmolejeños y nosotros aprovechamos para charlar con ellos

La música es y ha sido un elemento imprescindible en Marmolejo. Muchos marmolejeños han forjado su infancia y su juventud alrededor de la interpretación de un instrumento pero, sobre todo, lo han hecho compartiendo unos valores con los que han construido amistades e incluso familias. Esto sigue ocurriendo en la actualidad gracias a la existencia de tres bandas de música y esta es sin duda una de las características más peculiares de nuestra cultura local. El viaje que realiza este reportaje tiene como punto de partida la actualidad de un grupo de amigos que ya ronda los 70 y tantos años y que llega hasta el comienzo de su amistad, cuando entraron a formar parte de la banda municipal.

“Éramos muy felices y pasábamos muy buenos ratos”. Así de contundente se muestra Pedro Peña cuando le preguntamos por aquella etapa de su vida. Casi todos comenzaron en la banda cuando apenas tenían ocho o nueve años y el estudio del “método de solfeo”, ya fuera Eslava o García Coronel, era el primer paso. En los años 40 ser director de una banda de música municipal era una profesión muy bien remunerada a la que se accedía mediante una oposición y el músico quedaba ligado al ayuntamiento para el que trabajara, que era el que a final de mes le ingresaba su sueldo. En aquellos momentos las bandas de música de los pueblos actuaban de auténticos agentes propagandísticos para el fin franquista pero, sobre todo, culturales y socializadores, gracias a lo cual los músicos hacían amistades que perduran muchos años después.

Memoria colectiva

“Recuerdo que un día don Francisco Miñana fue a las escuelas a dar una charla y a captar a chiquillos de las escuelas para que aprendieran música”, explica Antonio Casado sobre la forma en la que él y muchos de sus amigos entraron en la banda municipal. Entonces aquello era algo más que un entretenimiento porque los que accedían a ella y se ganaban el derecho de pertenecer a la “plantilla” cobraban un humilde y simbólico salario. “El Ayuntamiento estaba un poco más implicado con la música porque no es que tuviera que asegurar el porvenir de los músicos pero la banda era municipal”, explica Ignacio Palomares quien recuerda que cobraba 45 pesetas mensuales por tocar en la banda. Además, otro de los componentes de la banda, Pedro Reca, hace memoria de las anécdotas cotidianas, como cuando estuvieron tres meses sin tocar porque el Ayuntamiento les debía parte de su sueldo y el alcalde los llamó al orden e incluso los llegó a amenazar. Al día siguiente estaban todos en sus puestos, incluidos los que habían reclamado, con su correspondiente instrumento. Manuel Serrano también explica que los más pequeños de la banda le exigieron después al alcalde cobrar más y el propio director que había en ese momento, Manuel Barragán, le explicó al regidor municipal que sin ellos poco podía hacer en las actuaciones. Gracias a esa actitud rebelde, el Ayuntamiento les subió el sueldo. Precisamente Manuel Barragán fue una de las personas más importantes para la música en Marmolejo, ya que él era el que se hacía cargo de la banda cuando se encontraba en momentos complicados. Su hijo recuerda aquella época con mucho cariño. La música les llegaba a muchos a través de la familia, tal y como explica Pedro Serrano, el mayor de una saga que accedió a la banda gracias a su tío Francisco.

Los grupos escolares de la casa del Conde, donde hoy se ubican las escuelas de La Paz, eran el lugar en el que aprendían solfeo, tal y como recuerda Antonio Godoy, quien cuenta entre risas el miedo que pasaba en aquel lugar: “en la casa del Conde había un agujero en el techo que imponía y yo engatusé a uno para que viniera conmigo a las clases”. Juan Romero, relata que después pasaron a ensayar donde se encontraba la cooperativa vieja y ahí el director les marcaba con la batuta el paso. Uno de los momentos más divertidos de este encuentro es la anécdota que cuenta Alfonso Rejel: “fuimos a los toros a Andújar y yo el ‘pito’ me lo dejé aquí en el pueblo. Cuando me vio (el director) me preguntó ‘¿y el flautín?’ ‘Pues en mi casa’. ‘Entonces ¿a qué has venido?’ ‘Pues a ver los toros’”. La carcajada es en ese momento general porque todos recuerdan aquellos años con cariño. Manuel Medina cuenta los momentos que vivieron: “Con nosotros han pasado muchas irritaciones porque bregaban con chiquillos y lo pasábamos muy bien porque éramos chiquillos y estábamos muy unidos”. Es Manuel Serrano el que añade “pero todo se arreglaba cuando íbamos a tocar”. Alfonso Pastor también recuerda que una vez se le ocurrió echarle agua al trombón “porque estaba seco y (el director) me pegó con el método en la campana y me partió el labio”. “Éramos muy felices los amigos que estamos aquí y pasábamos muy buenos ratos”, sentencia Pedro Peña. “Tuvimos la suerte de saber lo que es la música, saber comprenderla y saber quererla”, recordaba Gabriel Pastor, a lo que su compañero Antonio Casado resume lo que significaron aquellos años: “toda nuestra amistad, de todos los que estamos aquí, viene de la música. Empezamos en solfeo, salimos a tocar con 11 o 14 y hemos seguido juntos toda la vida y juntos estamos”.

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