La opinión de Isa Barragán: ¿Buscamos soluciones?

La columna mensual sobre educación de la marmolejeña Isa Barragán

En educación, la búsqueda constante de soluciones ante la duda, a veces creada, otras tantas surgida de lo cotidiano, es el camino incansable que nos lleva a la verdad y al aprendizaje. Es o debería serlo.

Andaba corrigiendo esas magníficas pruebas que la legislación y el sistema nos obligan a pasar para constatar que el alumnado aprende y dejar en evidencia al que no lo hace, cuando me encontré una de esas joyas que siendo maestra aparecen de vez en cuando en tu día a día. Esos gestos que te detienen ante el bucle en el que la administración, la burocracia y el formalismo te introducen si no te resistes con los principios y la fuerza suficiente.

Paso 1: lee el problema.

Paso 2: saca los datos.

Paso 3: haz las operaciones.

Paso 4: escribe la solución.

Muchas veces hemos recibido esta pauta como el procedimiento correcto para resolver problemas y conseguir la puntuación deseada, pero… ¿en realidad hemos encontrado la solución?

En la vida cotidiana, como en la escuela, primero surge la duda, aparece la pregunta o el problema. Después observamos la situación, buscamos los datos y por último, actuamos. (Es por eso que a mi alumnado siempre les pido que comiencen a resolver los problemas leyendo la pregunta, esa que está al final)

Pedí permiso a mi matemática Alba y a su familia para utilizar su problema en este artículo y cuento con él. Desde el respeto a su trabajo y tras ponerle un diez en esa prueba, a día de hoy, sigo reflexionando sobre lo que pasó en ese pequeño trozo de papel y en esa inteligencia libre y limpia que ella hizo desde la reflexión lógica y el razonamiento útil y productivo.

Hay que seguir los pasos, hay que completar los datos, hacer operaciones, leer con comprensión, pero siempre hay que razonar la solución y ello debe servir para que las cosas vayan mejor. Que falten dos caracoles es un dato más y no una solución. Una buena solución es “volver a cogerlos”. Y para eso, no basta con decir lo que falta, hace falta levantarse y actuar.

¿Buscamos soluciones? ¿O nos dejamos llevar y completamos formalmente los esquemas que nos plantean?

En la familia, ¿buscamos soluciones para la educación de nuestras hijas e hijos? ¿O nos refugiamos en que las cosas están así, que a todos los demás les dejan y que ahora la juventud “es como es”?

En la escuela, ¿buscamos soluciones? ¿O nos dejamos engullir por la burocracia del sistema y los juicios de valor de las familias que vomitan sobre el profesorado las frustraciones que a veces sienten y no son capaces de canalizar fruto de la impotencia de ver que la educación que soñaron para sus hijas e hijos ha quedado en eso, en un sueño?

En la política, ¿buscamos soluciones? ¿O se habla de educación como bandera de cambio sin pensar y sin contar con la propia educación, relegando aquella búsqueda de la verdad a bajar niveles y hacer que el razonamiento y el pensamiento crítico queden como meros objetivos a los que la metodología, los recursos y el sistema nunca dejarán florecer?

A quienes buscamos soluciones creyendo que es el camino hacia un mundo mejor, no nos queda otra que levantarnos y perseguir caracoles. Hacerlo de forma activa y con el compromiso de encontrar soluciones reales y no completar formularios, cubrir expedientes o rellenar huecos en blanco.

La educación es mucho más rica y más emocionante.

P.D. Gracias, Alba. Gracias por enseñarme y recordarme que debo seguir buscando soluciones reales.

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¿Ayudas europeas o intervención del país?
Racismo, trato desigual y marginación, por Manuel Campos

Se inició en Estados Unidos, pero pasó a prácticamente todos los países no controlados por dictaduras del mundo. Me refiero a la reacción ante el fallecimiento de un hombre de raza negra causado por un policía que mediante una llave practicada al cuello de la víctima le impidió respirar hasta que murió. Las manifestaciones masivas, incluso ante la Casa Blanca, incluían a personas de distintas razas que enarbolaban los mismos eslóganes, algo muy diferente de las que hubo en los años sesenta reivindicando los derechos civiles que disfrutaban los ciudadanos de raza blanca, escenas en las que no solía haber blancos..
Han pasado 52 años desde que muriera asesinado Martin Luther King (1920-1968), el hombre que tuvo un sueño de igualdad y encontró una bala de plomo, y muchas cosas han cambiado en Estados Unidos y en los países occidentales, pero el núcleo de la cuestión sigue siendo la marginación de las clases menos favorecidas, disfrazada con discursos relacionados con la raza, la religión o cualquier otra excusa por la que se pueda segregar a alguien. El policía en cuestión no habría tirado al suelo ni apretado el cuello de un ciudadano de raza negra que circulara en limusina o vistiendo ropa o calzado caros, o al menos es muy poco probable que lo hubiera hecho porque en ese país –y en otros- nadie molesta a quien puede que tenga varios abogados, todos de Harvard. En mi opinión, se trata de falta de respeto a los derechos de los débiles y no de razas, opciones o creencias.
Del comentario de Donald Trump afirmando que la víctima seguro que se encontraba dichosa en el cielo al ver la buena ,marcha de la economía a pesar de la pandemia, prefiero no hablar.

“BESOS, ABRAZOS Y CORONAVIRUS”, un artículo de Alberto Puig y Sergio Moreno
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En esta etapa de tránsito hacia la nueva normalidad la sensación colectiva es de resignada aceptación de la incertidumbre ante un rebrote de la enfermedad. Bajo el mantra de que cualquiera en cualquier momento puede ser un peligroso “contagiador” se nos prescriben hábitos claramente contraculturales: el mantenimiento de las distancias sociales y el uso generalizado de adminículos presumiblemente protectores tales como mascarillas y guantes.