La opinión de Carlos Lozano: Rincones de mi infancia

Te dejamos el artículo de opinión del mes de julio de nuestro colaborador Carlos Lozano, presidente de la Asociación Amigos del Balneario

MMuchos son los lugares de Marmolejo que guardo en la memoria de mi infancia. El balneario, los partidos de fútbol en el corralón del Bar Chorizo, las guerras de vaqueros en la huerta de Convenencias, las cuevas hechas con el ramón de la Candelaria en el solar del antiguo cuartel de la Guardia Civil, los baños en la alberca de la huerta del “Gabrielico”, buscar caracoles en los canales cerca de la vaquería de Jacinto. Todos vuelan sobre mi memoria y enlazándose unos con otros me animan a escribir sobre los rincones de mi infancia.

Nuestra imaginación para jugar no tenía límites. Hacíamos de la tapadera de una tinaja un escudo, de un trozo de madera una espada y si tenías una goma y le clavabas una pinza de la ropa, la convertías en escopeta con incluso dos cañones. Siempre deseosos de comprarnos una pistola con su cartuchera en la feria, eso sí, teníamos que cuidarla ya que nos tenía que durar todo un año. Y así, junto al palo de la vieja fregona cabalgábamos por las calles del pueblo luchando contra los indios con arcos y flechas de varas de adelfa, aunque se me pusieran las manos hinchadas como guantes. Buscar “platicos” en los bares del paseo para luego machacarlos y jugar a las chapas o intercambiar futbolistas en la esquina de la calle de la Paz, por cierto está igual que hace 45 años.

En aquellos años había poca tele, pero teníamos las figuras de indios y vaqueros que nos creaban la mejor de las películas. También releíamos los tebeos que comprábamos o cambiábamos en el carrillo de Bartolomé. Tampoco teníamos aparatos de aire acondicionado para sofocarnos las siestas, aunque sí contábamos con un señor valenciano que con una potente voz, una cornetilla y empujando un carro por el pueblo, nos refrescaba la garganta con los mejores helados del mundo.

Pero existe un rincón en Marmolejo donde observo a menudo el juego natural de los chavales como antaño. Estoy convencido que si muchos de los lectores volvieran a ser niños, elegirían al “Escurrizo” del “Angostillo”, esa pequeña rampa elevada que se encuentra a espaldas de la Parroquia en la calle de La Iglesia. Aunque el juego era muy sencillo, subirlo suponía todo un reto. Aún recuerdo el momento que con mucha dificultad lo coroné por primera vez y cómo al llegar a la cima al levantar mi cuerpo y girarme pude comprobar la emoción de tener el mundo a mis pies…. No digo yo que cualquier tiempo pasado sea mejor.

Creo en el futuro de nuestros jóvenes, aunque nuestros sencillos juegos de la infancia fomentaron las habilidades físicas e intelectuales, la autoestima, el espíritu de lucha, el compañerismo y la amistad.

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El castillo de la Aragonesa pasa a ser propiedad de todos los marmolejeños

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Considerado como uno de los principales activos patrimoniales de Marmolejo, declarado Bien de Interés Cultural en 1985 y en la lista roja del patrimonio por su mal estado de conservación, el dueño del enclave ha donado al Ayuntamiento de la localidad este inmueble que se encuentra con riesgo grabe de derrumbe.

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Racismo, trato desigual y marginación, por Manuel Campos
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Se inició en Estados Unidos, pero pasó a prácticamente todos los países no controlados por dictaduras del mundo. Me refiero a la reacción ante el fallecimiento de un hombre de raza negra causado por un policía que mediante una llave practicada al cuello de la víctima le impidió respirar hasta que murió. Las manifestaciones masivas, incluso ante la Casa Blanca, incluían a personas de distintas razas que enarbolaban los mismos eslóganes, algo muy diferente de las que hubo en los años sesenta reivindicando los derechos civiles que disfrutaban los ciudadanos de raza blanca, escenas en las que no solía haber blancos..
Han pasado 52 años desde que muriera asesinado Martin Luther King (1920-1968), el hombre que tuvo un sueño de igualdad y encontró una bala de plomo, y muchas cosas han cambiado en Estados Unidos y en los países occidentales, pero el núcleo de la cuestión sigue siendo la marginación de las clases menos favorecidas, disfrazada con discursos relacionados con la raza, la religión o cualquier otra excusa por la que se pueda segregar a alguien. El policía en cuestión no habría tirado al suelo ni apretado el cuello de un ciudadano de raza negra que circulara en limusina o vistiendo ropa o calzado caros, o al menos es muy poco probable que lo hubiera hecho porque en ese país –y en otros- nadie molesta a quien puede que tenga varios abogados, todos de Harvard. En mi opinión, se trata de falta de respeto a los derechos de los débiles y no de razas, opciones o creencias.
Del comentario de Donald Trump afirmando que la víctima seguro que se encontraba dichosa en el cielo al ver la buena ,marcha de la economía a pesar de la pandemia, prefiero no hablar.

“BESOS, ABRAZOS Y CORONAVIRUS”, un artículo de Alberto Puig y Sergio Moreno
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En esta etapa de tránsito hacia la nueva normalidad la sensación colectiva es de resignada aceptación de la incertidumbre ante un rebrote de la enfermedad. Bajo el mantra de que cualquiera en cualquier momento puede ser un peligroso “contagiador” se nos prescriben hábitos claramente contraculturales: el mantenimiento de las distancias sociales y el uso generalizado de adminículos presumiblemente protectores tales como mascarillas y guantes.